martes, 9 de abril de 2013

Sin el niño, sin el manto,
sin corona, sin altar;
la Virgen, plena de encanto,
doraba su cuerpo santo
a la orilla de la mar.

De niño la contemplaba
con infantil devoción,
pero nunca me acercaba
porque el temor me embargaba;
tal era mi admiración.

En mi infancia la adoraba
con profundo y tierno amor.
Un amor que no se acaba,
y que al mirarla expresaba,
ahora que soy mayor.

AUTOR: JOSÉ PADRÓN QUEVEDO

Dedicado con todo mi afecto
y admiración a ALICIA ROSA
QUINTANA NARANJO.